Jurista canario, figura destacada del foro tinerfeño y defensor del constitucionalismo europeo y de la Monarquía parlamentaria española, que ejerció la abogacía en la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife de 1953 a 2004. Dejó un legado de diarios y cartas personales, junto a múltiples conversaciones con personalidades de su época.
Vida temprana
Manuel Méndez Fernández nació en Hermigua, La Gomera, el 30 de diciembre de 1926, en el seno de una familia profundamente arraigada en la historia insular. Hijo de don Domingo Méndez Suárez y de doña Camila Fernández Pérez, descendía por línea paterna de la familia Marichal, estirpe de origen normando asentada en La Gomera desde el siglo XVI y vinculada durante generaciones a la defensa de la isla como capitanes de milicias.
Su juventud transcurrió en San Cristóbal de La Laguna, donde la familia residió en la calle Nava y Grimón, cerca del Cristo de La Laguna. Estudió en el Instituto de Canarias, obteniendo en 1948 el Premio Extraordinario en el Examen de Estado.

En 1952 cumplió el servicio militar como Alférez de Complemento en el Regimiento de Infantería de Tenerife. Un año después se licenció en Derecho por la Universidad de La Laguna. Su viaje de fin de carrera a París, con visita a la Facultad de Derecho de la Sorbona, despertó en él un interés duradero por el constitucionalismo europeo y por los modelos democráticos vigentes en Europa.

Vida profesional
Tras concluir sus estudios, se instaló con su familia en la calle del Castillo de Santa Cruz de Tenerife y abrió su primer despacho en la plaza de Santo Domingo. La muerte de su padre en 1954 marcó aquellos primeros años de ejercicio. En 1959 aprobó las oposiciones de Habilitado de Clases Pasivas del Estado en Madrid.

Durante cinco décadas de dedicación al Derecho, Méndez Fernández ejerció con una seriedad que no necesitaba énfasis y una prudencia nacida de la experiencia. Entre sus convicciones más firmes destacó, en primer lugar, la defensa de la Monarquía parlamentaria, que consideraba la forma política más adecuada para garantizar la continuidad histórica de España y la estabilidad de sus instituciones. El nombramiento de don Juan Carlos de Borbón como Príncipe de Asturias en 1969 confirmó para él que el país avanzaba hacia un horizonte de monarquía parlamentaria constitucional.
A esta convicción se unían otras que sostuvo con igual claridad: la necesidad de una reforma democrática durante la Transición Española, la vigencia de la democracia cristiana como inspiración ética, la integración de Canarias en la Unión Europea y el progreso de La Gomera a través de la educación. Mantuvo diarios y una abundante correspondencia donde dejó constancia de estas reflexiones, escritas con la serenidad de quien piensa antes de hablar y escucha antes de juzgar. Acudió con frecuencia a tertulias, donde era apreciado por su conversación pausada, su memoria histórica y su cordialidad.
En 1976 trasladó su despacho a la calle Bethencourt Alfonso, donde continuó ejerciendo hasta su jubilación. El 1 de diciembre de 2001 fue nombrado socio honorífico del Real Casino de Tenerife. Quienes lo trataron allí recordaban su manera de razonar sin estridencias, con una claridad que nacía de la experiencia y de una vida vivida con sentido. Su colega y amigo don Ángel Ripollés Bautista, decano del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, subrayó en el periódico El Día, su integridad profesional y su vocación de servicio, tras su muerte en 2004.

Vida personal
El 7 de mayo de 1961 contrajo matrimonio con doña María del Pilar Asín Cabrera, con quien fijó su residencia en la Rambla de Santa Cruz. El matrimonio tuvo dos hijos: María del Pilar, fallecida trágicamente en 1965, y Eduardo.
El 16 de noviembre de 2002, su hijo el Dr. Eduardo Méndez Asín contrajo matrimonio con la Dr. María Ungar de Omorovicza en Portsmouth, Reino Unido, donde Eduardo ejercía como psiquiatra en el Hospital St. James.
Don Manuel falleció el 12 de febrero de 2004 en su domicilio, en los brazos de su esposa, en lo que se consideró una muerte súbita. Tras su muerte, su hijo Eduardo se trasladó junto a su esposa María a Canadá. Allí nacieron sus cinco nietos: Peter (2005), Michael (2006), John (2008), James (2010) y Luke (2011).
Últimos años y legado
En sus últimos años, Méndez Fernández mantuvo una mirada atenta sobre la evolución política de España. Sus diarios y cartas muestran una reflexión constante sobre la consolidación democrática, la integración europea y el papel de Canarias en el nuevo marco constitucional. Continuó trabajando en su despacho hasta poco antes de su muerte, fiel a una ética profesional que entendía el Derecho como servicio.
Su legado se proyecta en tres planos complementarios:
- Profesional, por su medio siglo de ejercicio jurídico, guiado por la rectitud y la responsabilidad.
- Intelectual, por sus escritos personales, que recogen una visión clara y razonada del constitucionalismo europeo y del papel de la Monarquía parlamentaria en la España contemporánea.
- Humano, por la huella que dejó en colegas, amigos y familiares, y por la serenidad con la que afrontó siempre la vida pública y privada.
Quienes lo conocieron saben que su paso por la vida fue la obra de un hombre que creyó en el imperio de la Ley, en sus instituciones y en la satisfacción del deber cumplido.
